Hace unos días conocí al dueño de unos laboratorios dedicados a la producción de un sin número de medicamentos. El señor me condujo a su fábrica y me mostró los enormes mecanismos de fabricación de los distintos medicamentos que ahí se producen. La fábrica era una enorme y con un aspecto muy nuevo,  algo que para mí es extraño puesto a que todas las fábricas a mi punto de vista tienen un aspecto viejo. La razón por la cual me llevó por todos estos lugares se debe a que estoy interesado en una posible compra de acciones de aquellos laboratorios.

Al terminar este recorrido, le pregunté al señor si es que tomaba sus medicamentos de sus propios laboratorios, como una forma de hacer conversación puesto a que es una persona algo silenciosa y me dio la impresión de ser una de esas personas desapegadas de las cosas del mundo, un desapego que de alguna extraña forma les hace hacer las cosas de manera extraordinaria y fuera de lo común. Mis sospechas sobre esto fueron confirmadas cuando me contestó que él no utilizaba medicamentos desde hacia 10 años y que no pensaba tomarlos.

Había algo extraordinario e inspirador en su tranquilidad y en las respuestas que daba, así como las observaciones que otorgaba en la conversación. Me dijo  que en verdad no tenía sentido en pensar si las tomaría o no –las medicinas– en el futuro puesto que el futuro no existe y lo único que tenemos es hoy. Fue entonces cuando me di cuenta que estaba tratando en este momento con un verdadero estoico, quienes son tan pocos en nuestra sociedad puesto que todos hemos sido arrastrados por los matices de estos tiempos que no producen nada más que infelicidad.

El estoicismo es una corriente filosófica que nació en la antigua Grecia donde el objetivo era vivir una buena vida para así poder ayudar a otros a que hagan lo mismo y poder entonces tener un mundo próspero. Sin embargo, la buena vida de los estoicos distaba mucho de lo que muchas personas, tanto de aquellos tiempos como de los nuestros, consideran una buena vida. Esta, en la doctrina estoica,  es vivir siempre con virtud de donde proviene el único tipo de felicidad que es la felicidad que dicta la naturaleza. Las raíces de la felicidad para este grupo filosófico se encuentran en cosas simples pero duras como lo es el decir la verdad; cumplir las promesas que se dan ; tratar al prójimo con verdad y cortesía; no traicionar a quienes nos otorgan su confianza: esto es la fuente de felicidad de el estoicismo.

Una parte importantísima del estoicismo es el no quejarnos de lo que nos acontezca, particularmente de aquello sobre lo que no tengamos ningún tipo de control como lo son las tragedias donde siempre se debe de mantener el temple y entendimiento de que una guía mayúscula tiene la batuta.

Esta es una forma de vida difícil de llevar  aunque si bien llevada es lo mejor que uno puede hacer.

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